LUNARES Y EMBARAZO: QUÉ VIGILAR Y CÓMO HACERLO

Una de las cosas que más preocupan a mis pacientes femeninas con muchos lunares es si el embarazo puede modificar el aspecto o la evolución de sus lunares en un sentido peligroso. Recientemente se ha publicado una exhaustiva revisión al respecto en el Journal of the American Academy of Dermatology cuyos principales puntos paso a comentar, matizados por mi propia experiencia en este campo, ya que he trabajado durante 18 años en el Hospital La Paz de Madrid, que cuenta con una gran maternidad, lo que me ha permitido atender a muchas gestantes con abundantes lunares.

1. Los cambios hormonales durante el embarazo pueden modificar la pigmentación de algunas zonas de la piel femenina (cloasma facial, línea alba abdominal, areolas mamarias) y en ocasiones estas modificaciones pueden afectar también a algunos lunares.

2. Los cambios en el tamaño de los lunares pueden tener que ver con la distensión de la piel en ciertas zonas (abdomen, mamas), y en ocasiones también con un crecimiento intrínseco de algunos lunares en cualquier localización, sobre todo de lunares sobreelevados de aspecto verrugoso o papilomatoso. Si estos lunares no muestran ningún dato clínico o dermatoscópico atípico no suele haber motivo de preocupación por ello. Si un lunar así molesta (picor, dolor) o sangra se debe de consultar de forma inmediata, aunque a menudo acaba siendo consecuencia de algún traumatismo inadvertido, y no de su malignización.

3. Algunos lunares pueden oscurecerse durante el embarazo, aunque los estudios sistemáticos al respecto indican que es un hecho poco frecuente. En mi experiencia hay un subgrupo minoritario de mujeres donde este hecho es muy manifiesto, a veces coincidiendo con una llamativa pigmentación en las areolas mamarias y línea media abdominal. Debe verse con cautela este hecho si afecta tan sólo a algún lunar aislado y no a otros lunares de aspecto inicial similar. Los cambios simultáneos y similares en varios lunares van claramente a favor de un proceso reactivo y benigno. Los cambios muy marcados en un lunar aislado son más sospechosos. La autovigilancia durante el embarazo ayudada por controles fotográficos basales y por la propia pareja pueden facilitar el reconocimiento de cambios potencialmente problemáticos, en cuyo caso se debe acudir al dermatólogo sin demora.

4. Los cambios clínicos suelen correlacionarse bien con cambios dermatoscópicos, y en casos dudosos la dermatoscopia digital nos ayuda a monitorizar la evolución de algunos lunares concretos durante el embarazo o meses después del mismo, para decidir si hay indicación de extirpar algún lunar. El oscurecimiento de algunos lunares aplanados durante el embarazo a menudo es transitorio y cede varios meses después del parto. 

5. La dermatoscopia digital emplea en los equipos más modernos luz polarizada emitida por diodos, que no tiene ningún riesgo ni para la embarazada ni para el feto. La prueba puede hacerse sin problemas durante el embarazo. En mis pacientes en seguimiento por múltiples lunares que se quedan embarazadas aconsejo una revisión completa de sus lunares hacia el quinto o sexto mes de embarazo, cuando la prueba aún no resulta incómoda para la embarazada (por el hecho de tener que ir cambiando de postura en la camilla según vamos examinando diferentes zonas corporales). La prueba nos indica si hay tendencia a la inestabilidad en sus lunares y si aparece alguno con aspecto o evolución problemática. Por supuesto, facilito una cita inmediata y en cualquier momento si la paciente advierte algún cambio que le parezca problemático en algún lunar (aunque esto de hecho lo hago en todos mis pacientes, con independencia de si hay o no un embarazo de por medio).

La relación entre embarazo y melanoma es muy controvertida, aunque los datos actualmente disponibles son más tranquilizadores que los que manejábamos hace varias décadas. Lo comentaré en mi siguiente post.


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