miércoles, 28 de septiembre de 2016

UTILIDAD DE LA DERMATOSCOPIA ANTE TUMORES CUTÁNEOS INFRECUENTES

La dermatoscopia nos permite ver cosas que a simple vista o con una lupa convencional no vemos cuando miramos la piel de un paciente. Aumenta así nuestra precisión diagnóstica. La mayoría de las formas habituales de los tumores cutáneos benignos y malignos más frecuentes son reconocidas fácilmente con dermatoscopia por dermatólogos con experiencia en la técnica. La dermatoscopia puede ser también de ayuda para médicos no dermatólogos ante los tumores cutáneos más frecuentes, cuando están debidamente formados en la técnica y conocen bien sus bondades y limitaciones.

Pero algunos tumores nos lo ponen más difícil. Bien por que se trata de formas inhabituales de los tumores más frecuentes, o bien porque se trata de tumores muy poco frecuentes. Lo más importante en muchos de estos casos no es acertar en el diagnóstico, sino acertar en la actitud (decidir con acierto cuáles se podrían vigilar o eliminar sin estudio histológico, y cuáles deben ser extirpados y analizados, algunos de forma inmediata). Con cierta frecuencia algunos de estos tumores infrecuentes, benignos o malignos, deben ser diferenciados de algunas formas inhabituales de melanoma. La dermatoscopia no siempre nos resuelve todas las dudas, pero nos ayuda a tomar las decisiones correctas. Cuando sea necesario, el diagnóstico final lo establecerá el patólogo, al analizar la lesión extirpada por nosotros.

              
Por ejemplo, casi ningún dermatólogo acertaría a sugerir que la lesión de la imagen dermatoscópica superior (que correspondía a simple vista a una pequeña lesión sonrosada facial de unos 3-4 mm de diámetro) era un melanoma nodular (en este caso sin pigmento), la forma más agresiva y letal de melanoma, donde menos margen tenemos para su diagnóstico precoz. Yo mismo no pensé en melanoma como primera opción, sino en un posible tumor sebáceo maligno, por sus zonas lobuladas de tonalidad amarillenta.. Pero sí tuve claro que ante la presencia de los vasos tan polimorfos que se visualizaban con dermatoscopia esta lesión debía ser extirpada y analizada de forma inmediata.

La única forma de adquirir experiencia ante tumores cutáneos infrecuentes es participar en estudios multicéntricos y procurar reunir y estudiar series de casos que por su rareza ningún centro de forma individual podría obtener en un plazo razonable. Ejemplo de ello son dos estudios multicéntricos recientemente publicados, en los que he participado desde Clínica Dermatológica Internacional. Uno de ellos sobre hemangioma hemosiderótico en diana (una rara variante de tumor vascular cutáneo), publicado en Dermatology.  El segundo sobre queratosis folicular invertida (una rara variante de tumor cutáneo epidérmico), publicado en Clinical and Experimental Dermatology.  En ocasiones ambos tipos de lesiones nos obligan a hacer diagnóstico diferencial con formas infrecuentes de melanoma.

Desde aquí quiero felicitar al Dr. Pedro Zaballos, dermatólogo del Hospital San Pablo y Santa Tecla (Tarragona) por su entusiasmo y capacidad de convocatoria para que éstos y muchos otros estudios similares salgan adelante, bajo su coordinación, y reuniendo a dermatoscopistas de múltiples centros nacionales e internacionales. Este tipo de trabajos multicéntricos son imprescindibles para el progreso de nuestra especialidad, sobre todo cuando se trata de estudiar patologías infrecuentes.

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